Análisis: Reacciones del viaje de Trump a China
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Entrevista a Enrique Dussel Peters | Coordinador del Centro de Estudios China-México
Por: Axel García Ancira
Coordinación Internacional del INFP Morena
El encuentro del Presidente de los Estados Unidos con su homólogo chino Xi Jiping dejó más dudas que certezas. El marco: unas jornadas llenas de simbolismos, los cuales han tenido múltiples lecturas ante la falta de un comunicado oficial, que sin embargo poco importa en un mundo que ya no tiene más diplomacia que la “ley del más fuerte”. Esto ha quedado demostrado con el genocidio al pueblo palestino, condenado pero no impedido por la mayor parte de la comunidad internacional. También se demuestra con la guerra Israelí-estadounidense contra Irán. La reacción de los persas, y las repercusiones económicas que el cierre del Estrecho de Ormuz traen para el mundo, son el contexto que obliga a brindar interpretaciones que trasciendan las pintorescas imágenes de una comitiva estadounidense visitando lugares emblemáticos como el Templo del Cielo y Zhongnanhai, en donde, paradójicamente Trump pasó frente a un letrero que dice: Viva el gran partido Comunista de China.
Ante este panorama, tenemos el testimonio del especialista en china, Enrique Dussel Peters, para quien:
Las expectativas del encuentro eran bajas, Y eran bajas también ante un Donald Trump y ante unos Estados Unidos crecientemente disminuidos y debilitados. Trump generó altas expectativas de que iba a resolver rápidamente el conflicto de Ucrania, y no ha pasado. Iba a resolver rápidamente el conflicto de Gaza, y hemos visto todo menos una resolución. También generó expectativas de que el bombardeo por parte de Israel y de Estados Unidos a Irán iba a ser cosa de un par de días. Ya llevamos más de dos meses y ha escalado; es decir, el estrecho de Ormuz está bloqueado y eso está generando implicaciones globales significativas. Y sorpresas da la vida, claro, el escupitajo le cayó, entre otros, a Estados Unidos, vía presiones inflacionarias y altos precios del petróleo. Eso aumenta las presiones sobre Donald Trump, en cuanto a que las elecciones intermedias del 3 de noviembre se acercan, la ventana se va cerrando rápidamente y todas las encuestadoras indican que el resultado va a ser muy negativo para el Partido Republicano […] Hay un Trump debilitado y, yo te diría, una China y un Xi Jinping relativamente relajados, crecientemente confiados en lo que vienen haciendo, cerrando brechas con Estados Unidos desde una perspectiva tecnológica. China se está convirtiendo crecientemente en un líder tecnológico; es la principal economía desde 2016, medido el producto interno bruto en poder de compra.
Otro de los grandes ejes del debate público tras el encuentro fue lo que los medios retomaron de la llamada trampa de Tucídides. Este es un término creado por el politólogo estadounidense Graham Allison, quien apunta que hay una tendencia en la Historia a que cuando una potencia siente temor de ver su poder amenazado por una potencia en ascenso, la guerra parece inevitable. Sin embargo, dicha actitud de las partes no sería inevitable, por lo que la “trampa de la guerra” podría ser eludida con negociaciones. Surge entonces la pregunta si lo que sucedió entre el 13 al 15 de mayo puede leerse bajo esta tesis o no. Para el Dr. Dussel, dicha tesis no parece muy plausible:
Xi Jinping lo que plantea es: “Ojalá que no sea necesario”. Claro, China es la potencia emergente; tiene más instrumentos que “el viejo rico del pueblo”. Entonces, dice: vamos a platicar para que esto no suceda [...] Hace diez años, recuerdo algunos documentos de seguridad nacional de Trump, incluso de 2017, donde se hablaba de la competencia entre las grandes potencias y alguno todavía se preguntaba: “¿De quién está hablando además de Estados Unidos? ¿Rusia? ¿India?” Hoy en día no hay duda al respecto: China está al nivel y son los dos pesos pesados. Entonces esta discusión sobre la trampa de Tucídides apunta a que, ojalá, no sea necesario llegar a ese escenario [de guerra].
Quizá el tema que más atañe a América Latina es la posición respecto a Taiwán, pues podría marcar un límite a las ambiciones intervencionistas. También puede pensarse que, como a finales del siglo XIX y principios del XX, podría interpretarse como un pragmatismo de China sobre sus intereses en América Latina y una puerta abierta para el intervencionismo de Estados Unidos, sobre lo que ellos consideran su patio trasero. De cualquier forma, este también es un tema que marca un contraste entre la política exterior de Trump, respecto a la errática y confrontativa actitud de los más recientes gobiernos demócratas:
Yo les recuerdo la visita de Nancy Pelosi en 2022, que generó un enorme relajo en Taiwán y provocó durísimas medidas, casi una especie de bloqueo militar de Taiwán. Y también dentro del Partido Republicano Trump entendió que eso es importante para China. Hay círculos específicos en Estados Unidos donde dicen: “Ese no es un tema. Nosotros, Estados Unidos, hacemos lo que queremos”. Trump entendió que, para China, eso [la posición sobre Taiwan] sí es significativa. Entonces, quedan a debate dos cuestiones: por un lado, la existencia de dos potencias similares y, por otro, el tema de Taiwán. Ahí es muy importante entender algo: incluso en México y en América Latina, China es muy pragmática en muchos temas; es muy tolerante, tiene capacidad de negociación; sobre Taiwán, no. Ahí la tolerancia es cero, sentenció Enrique Dussel.
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