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Análisis: Colombia y el reto para la continuidad de la izquierda

  • INFP
  • hace 4 días
  • 6 Min. de lectura

Entrevista a Alexander Sierra - Antropólogo, analista e investigador asociado a CESJUL Colombia

Por: Axel García Ancira

Coordinación Internacional del INFP


En un contexto de corrimiento hacia la derecha en varios países del continente, la recomposición del gobierno de Gustavo Petro durante 2025 marcó un punto de inflexión no sólo en Colombia, sino en el conjunto del subcontinente. A la luz de los resultados de las elecciones intermedias de 2023, el gobierno de unidad articulado bajo el membrete de Colombia Humana parecía apenas un oasis dentro del arraigado neoliberalismo colombiano. Sin embargo, el impulso gracias a un aumento histórico del salario mínimo y a un paquete de reformas –entre ellas la laboral, de orientación antineoliberal, y la agraria, que el propio gobierno ha calificado como una de las más profundas en curso– permitió reconfigurar ese escenario y fortalecer la continuidad del proyecto de izquierda.


Hacia el final de su mandato, Petro no sólo ha incrementado su popularidad, sino que parece encauzar la comprensión pública de su gobierno. Este elemento resulta clave si se considera que los procesos abiertos tras estallidos sociales –como los ocurridos en Chile y Colombia– pueden derivar en desencanto y, eventualmente, en giros hacia la antipolítica de derecha, encarnada en figuras como Noboa, Kast o Milei. En este contexto, una mejor comunicación del programa político, junto con resultados tangibles en materia de seguridad, podrían sentar las bases para una transición favorable y abrir el camino hacia la Casa de Nariño para Iván Cepeda. Esta hipótesis no sólo se sustenta en el clima de opinión, sino también en la evidencia electoral reciente: el Pacto Histórico pasó de 20 a 25 senadores, consolidándose como la principal fuerza en la cámara alta .


De cara a las elecciones del 31 de mayo, este crecimiento legislativo se articula con las tendencias que muestran las encuestas, donde Cepeda encabeza la intención de voto con un 35% de las preferencias, por encima de Abelardo de la Espriella. No obstante, el escenario permanece abierto, ya que para evitar una segunda vuelta se requiere alcanzar el 50% más uno de los votos. A ello se suma un contexto regional e internacional particularmente denso: la injerencia exterior en procesos electorales recientes, la situación política en Venezuela, el asedio a Cuba, la guerra en Irán y la persistente presencia militar de Estados Unidos en la región  que configuran un entorno de alta tensión. En este marco, un eventual triunfo de Cepeda no sólo tendría implicaciones nacionales, sino que podría constituir un punto de inflexión frente al avance de las ultraderechas en sus distintas variantes: anarcocapitalistas, neopinochetistas o del llamado “estilo Bukele”. Ahora la injerencia en Colombia comienza con un bombardeo “accidental” en su territorio y con intentos de vincular a Gustavo Petro a cárteles de droga.  Para comprender con mayor claridad este panorama a dos meses de las elecciones en Colombia, conversamos con Alexander  Sierra, antropólogo e investigador colombiano.


“ Se le acusa abiertamente de ser parte de un cartel de las drogas.No hay cosa más ridícula, a mi manera de ver, por una razón sencilla: Gustavo Petro ha sido uno de los líderes en América Latina más enfáticos en términos de su lucha contra las drogas, particularmente contra el narcotráfico.  Gustavo Petro, desde su época como congresista en Colombia, lideró una causa muy importante para evidenciar los nexos con paramilitares y con carteles de la droga del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Entonces, para muchos colombianos es una sorpresa el señalamiento, porque básicamente lo que encontramos es que es infundado. Si tú indagas, no encuentras mayor acervo probatorio ni identificas cuáles son las supuestas redes. Desde Venezuela también venimos con el antecedente del famoso “cartel de los soles”, que luego se identificó como un entramado para justificar un intervencionismo militar. Para los electores y ciudadanos en Estados Unidos, el fenómeno de las drogas es un tema muy sensible. Entonces, que su gobierno diga ‘estamos detrás del mercado de las drogas’, y Colombia, con el estigma que tiene como el país con mayor producción de cocaína en el mundo, es un fenómeno al que se le ponen todos los ojos en el ámbito mediático”, aseguró Sierra. 



Alexander Sierra también  nos aportó información importante para poder comprender las eventuales diferencias entre el perfil de Iván Cepeda y el de Gustavo Petro.  Para el antropólogo e investigador, las diferencias podrían no sólo ser de estilo, sino que encuentra algunos matices en la forma de encausar el proyecto que perfila a Cepeda como un candidato de una izquierda con un proyecto incluso más radical en algunos aspectos



“Aquí estamos hablando también de dos líderes con estilos políticos similares, pero bastante diferentes en muchos aspectos. Yo diría que Gustavo Petro configuró en Colombia un gobierno apenas liberal. Esto sonará a gran polémica, pero de alguna manera reitera las consignas del Estado social de derecho que tenemos desde la Constitución de 1991. Para quienes no están en los ámbitos del derecho, Colombia tiene una Constitución que sitúa como centro de atención los derechos fundamentales de las personas: el derecho a la salud, al trabajo y las libertades ciudadanas. Esta Constitución se hizo justamente después de un conflicto armado en 1991. Avanzamos en muchos sentidos, pero Colombia venía teniendo un modelo tremendamente neoliberal, de los más neoliberales de América Latina, que generaba una élite extremadamente rica y, del otro lado, grandes mayorías que no han logrado en las últimas décadas acceder a servicios sociales básicos. Esas son, de alguna forma, las banderas de Gustavo Petro: ¿qué podemos hacer para revertir ese modelo, para tener un mejor sistema de salud, para que la reforma laboral permita salarios dignos y para que tengamos un régimen de jubilaciones digno para las personas que han trabajado toda su vida? Iván Cepeda, por su parte, es un defensor de derechos humanos muy connotado en Colombia. Es especialmente célebre por llevar un caso penal contra Álvaro Uribe Vélez, a quien durante mucho tiempo se pensó intocable por el poder que ha tenido […] Lo que más distingue a Cepeda es su origen en el ámbito de los derechos humanos y su postura crítica frente a algunas alianzas que Gustavo Petro tuvo que hacer para llegar a la presidencia. Recordemos que Petro construyó una coalición de centroizquierda que incluyó partidos tradicionales como el Liberal y el Verde, en un frente amplio para alcanzar el poder. Cepeda ha sido más crítico de esas alianzas y ha tomado distancia de figuras con peso político, al considerar que representan malas influencias para su proyecto progresista. Busca profundizar ciertas banderas, lo cual también puede dificultar su camino hacia la presidencia, dado que se requieren coaliciones amplias.”


Como en México el salinismo, en Colombia el uribismo es la corriente que agrupa a las fuerzas de una derecha que se mantuvo durante décadas a “sangre y fuego”. Esto no es una simple metáfora, pues Uribe está acusado de financiar el paramilitarismo, el cual es culpable de graves crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos, incluyendo masacres, desplazamiento forzado, despojo masivo de tierras, desaparición forzada, tortura, secuestro, reclutamiento de menores, violencia sexual y narcotráfico. Esto marca una forma criminal de hacer política en Colombia, basada en el amedrentamiento y persecución  contra civiles, líderes sociales y sindicalistas. El neoliberalismo en Colombia, por tanto, no es sólo una ideología o una etapa de su capitalismo, sino que su rasgo característico es el de la utilización de formas violentas de acumulación por despojo y de necropolítica como parte de su accionar. Esta corriente  no está derrotada, a aunque Iván Cepeda está acostumbrado a enfrentarla: 


“Iván Cepeda emprende, tras una confrontación con Álvaro Uribe Vélez, un proceso en el que se le acusó de manipular testigos en su contra. Ese proceso tiene más de 10 años y luego da un giro, cuando se demuestra que quienes manipularon testigos fueron, justamente, los abogados de Uribe Vélez, entre ellos quien hoy es candidato, Abelardo de la Espriella. Vale la pena decir que en Colombia, como en muchos de nuestros países, las derechas tienen varios candidatos: uno de centro, otro de centroderecha y una opción más definida en la extrema derecha. El uribismo, ese fenómeno de derecha, llega dividido en varias corrientes. Hay una disputa interna, incluso una codicia política entre actores que han acompañado a Álvaro Uribe Vélez, lo que ha fragmentado su unidad.” 


Te invitamos a ver la entrevista completa en: 






 “Achille Mbembe (2011) es a quien se le atribuye el concepto de necropolítica. El sostiene que la biopolítica no es suficiente para entender cómo la vida se subordina al poder de la muerte en África. Afirma que la proliferación de armas y la existencia de mundos de muerte -lugares donde la gente se encuentra tan marginada que en realidad vive como muerto viviente- son un indicador de que existe una política de la muerte (necropolítica) en lugar de una política de la vida (biopolítica) como la entiende Foucault (Mbembe, 2011).” Ver: Biopolítica y necropolítica: ¿constitutivos u opuestos? Disponible en: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-05652018000300009

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