top of page

Análisis: Maduro, rehén de los Estados Unidos; Delcy Rodríguez, Presidenta Interina

  • INFP
  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura

Entrevista a Alina Duarte

Coordinadora de Formación Internacional INFP

Por: J. Axel García Ancira Astudillo


La madrugada del 3 de enero se ejecutó la orden de Donald Trump de secuestrar al presidente en funciones Nicolás Maduro Moro. No se trató de una operación quirúrgica ni limpia, como la propaganda imperial presumió en las primeras horas, sino de una acción que habría dejado decenas de muertos, entre ellos 32 militares cubanos. En total se habla de entre 70 y 80 personas muertas, incluyendo civiles. Muchas de las interrogantes que surgieron en las primeras horas, ya tienen respuestas más certeras. 

¿Qué permitió que Estados Unidos pudiera realizar un secuestro de esta magnitud en la capital de Venezuela? La respuesta a ello es multifactorial, pero no debe dejar de apuntarse a la asimetría entre el ejército más poderoso del mundo con cualquier ejército latinoamericano. Aún así, es importante no normalizar con discusiones sobre la “efectividad” de ma operación, que  se efectuó violando tanto  leyes de los Estados Unidos, como del derecho internacional. Ni siquiera es relevante para entender esta acción cualquier análisis al gobierno de Nicolás Maduro, o el conflicto poselectoral de 2024, pues se trató de una agresión unilateral contra un país soberano. No está de más recordar que es en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, donde en su artículo 1 se establece: 


“Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural. Para el logro de sus fines, todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, sin perjuicio de las obligaciones que derivan de la cooperación económica internacional basada en el principio del beneficio recíproco, así como del derecho internacional. En ningún caso podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia.”


Desde el primer día tras el ataque perpetrado en la oscuridad, el pueblo venezolano se ha volcado a las calles en defensa de su Presidente, con la exigencia de que sea liberado, así como la Primera Dama y Primera Combatienta Cilia Adela Flores. Aunque muchas personas pudieran preguntarse por qué no hay una resistencia activa del ejército bolivariano a las amenazas trumpistas es claro ahora que, hasta donde podemos ver,  no se trata de una ocupación como la que ocurrió en Panamá en 1989, por cierto, también en la época de cambio de año. Y las razones para ello se  encuentran en la particularidad de este caso. Una ocupación como las de Panamá e Irak tendría un mucho mayor costo para los Estados Unidos, y podría generar una inestabilidad en Venezuela y en la región que lo llevaría a empantanarse y perder rápidamente todo el  “consenso” social entre la población de los Estados Unidos. 


Hay, además, un interés manifiesto porque haya una lectura de la criminal acción como una “defensa” de su hegemonía, y de la reedición de la Doctrina Monroe. En el centro de la operación no hay  una visión de la democracia liberal, sino el control directo de la reserva de petróleo más grande del mundo. Si bien esto se ha dicho desde hace décadas, esta vez este argumento no es producto de un análisis especializado, sino una simple síntesis de lo que ha dicho abiertamente el Presidente Trump, quien pronunció 22 veces la palabra petróleo y ninguna vez la palabra Venezuela en la conferencia de prensa posterior al ataque.  


La agresión imperial a Venezuela da muestras también de las fracturas en cuanto a la posibilidad de las izquierdas de posicionarse frente al proceso. Para comprender este momento histórico, y el llamado de las izquierdas, tenemos el testimonio de la coordinadora de formación internacional, Alina Duarte:


“Yo creo que la pregunta natural tendría que ser cómo nos organizamos, porque Estados Unidos ya no   necesita pretextos. Algunos compañeros me decían: ‘No, no hay que caer en provocaciones’. Y yo contestaba: ‘Es que nadie está provocando a Estados Unidos; no necesita una sola provocación para lanzar bombas, para lo que ya hizo en Venezuela’ [...]  La Revolución Bolivariana, para las izquierdas del mundo, desde 1999 representó un cuestionamiento absoluto a cómo entendemos el mundo. Llegamos a tal punto en donde la derecha está tan a la derecha y la izquierda no está tan a la izquierda, que es hoy la izquierda quien está defendiendo la democracia liberal burguesa.  Es decir, nosotros somos quienes vamos a defender el Tratado de Libre Comercio, somos quienes sólo vamos a defender las elecciones, en vez de construir un verdadero poder popular. Entonces, creo que hay mucho todavía que sacudirse: primero, de los estereotipos, estigmas y de esta batalla que creo que muchas veces sí ganó el imperio en torno a Venezuela, fuera de Venezuela. A lo interno es otra cosa; si no, no estarían cientos de miles de venezolanos y venezolanas tomando las calles desde ese mismo sábado.”



La urgencia de la respuesta de los pueblos organizados y de los gobiernos progresistas es primordial ante el derrumbe de la arquitectura internacional. Pero también, es necesario reconocer que la decapitación contra el chavismo en Venezuela no ocurre en una situación de vulnerabilidad, o de máxima expresión de crisis. En el mundo se tiende a ver a Venezuela a partir de la propaganda contrarrevolucionaria que se vanagloriaba en los momentos de desabasto, e hiperinflación, pero esta invasión y secuestro ocurren en el año que Venezuela tiene el mayor crecimiento de PIB de los últimos años.  


“A mí me parece que lo que demuestra el secuestro de Nicolás Maduro es el triunfo tan radical que había sostenido la Revolución Bolivariana durante más de 20 años. Todas y cada una de las estrategias imperialistas que hemos visto durante las últimas tres décadas habían sido puestas en marcha en Venezuela: bloqueo económico, al igual que en Cuba, buscando asfixiar la economía. Habíamos visto intentos de golpe de Estado en 2002 contra Hugo Chávez, a quien también secuestraron [y después liberaron]. Sin embargo, quien llevó a cabo ese intento fallido fueron las oligarquías venezolanas, y un poco lo que hace Estados Unidos es decirles: ‘Quítate tú, me toca hacerlo a mí, porque la derecha venezolana es muy torpe’. Intentaron asesinar al propio Nicolás Maduro en algún momento. Es decir, esto ya fue el agravante del agravante, pero ya habían intentado de todo en Venezuela. Ya había sido un laboratorio y lo único  que sí lograron como victoria fue en la estrategia mediática y en la disputa de la narrativa. Hoy a las izquierdas del continente entero, a muchas de ellas, les cuesta posicionarse en torno a la Revolución Bolivariana.  En el caso de Venezuela siempre termina siendo una limitante por el nivel de estigmatización que ha habido.


Por ello,  no solo se trata del andamiaje jurídico. Yo creo que estamos viendo una nueva fase. Hay quienes lo llaman hiperimperialismo, y quienes están tratando de caracterizar este momento que, en términos del capital, sigue dando el mismo proceso de acumulación, solo que ahora el nivel de apropiación por despojo es cada vez más rapaz. Y eso les representa Venezuela: si quieren petróleo, van y lo toman; si quieren el territorio palestino, van y lo toman.


Sí es un agravante a todas luces que nos tendría que llevar a la conclusión inherente de que necesitamos urgentemente un nuevo sistema de arquitectura internacional. La ONU ha quedado rebasada; la OEA, ni se diga. Me queda claro que son totalmente inservibles, incluso para Estados Unidos, que durante décadas se benefició de estas organizaciones.”


Delcy Rodriguez juramentó como Presidenta Encargada de Venezuela el pasado 5 de enero. Su reconocimiento da cuenta de que Estados Unidos busca una negociación pactada con el chavismo que le permita acceder a la producción del petróleo que actualmente compran China y Rusia, entre otros países. La reacción de China y de Rusia podría centrarse en sus propias zonas de influencia y en acelerar mecanismos de pagos en monedas locales, lo cual algunos analistas señalan como la causa de fondo del ataque a Venezuela.  En América Latina, los presidentes de Colombia, Brasil, Chile, Uruguay y la mandataria mexicana se pronunciaron diplomáticamente en rechazo a las acciones unilaterales de los Estados Unidos en Venezuela. A esta declaración se sumó el Presidente Pedro Sánchez de España.  


La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, además recordó en su habitual conferencia de prensa  que el fundamento de que Nicolás Maduro era líder de un cártel fue desestimado por el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Esto permite reconocer que la razón por la cual Maduro se encuentra rehén de los Estados Unidos nada tiene que ver con la retórica del tráfico de drogas; Estados Unidos no quiere que sea China la que construya la infraestructura petrolera de Venezuela, pero reconoce al chavismo como “legítimo”  ante su sociedad y con poder real en lo civil y en lo militar.   Mientras tanto, la derecha entreguista, traidora fue descrita por Trump sin ninguna clase de filtro: “no tienen ni el respeto ni el apoyo dentro del país”. 



Te invitamos a ver el programa completo en:


Entradas recientes

Ver todo
Chile: un pinochetista en La Moneda

Marco Consolo* Comité Ejecutivo del Partido de la Izquierda Europea Sin sorpresas, ni milagros. En Chile gana el pinochetista Juan Antonio Kast, hijo de un refugiado nazi alemán que escapó de los juic

 
 
bottom of page