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Análisis: A 20 años del No al ALCA, los pueblos resisten

  • INFP
  • 5 nov 2025
  • 6 Min. de lectura

Entrevista a Laura Capote, Secretaria de ALBA Movimientos

Por J. Axel García Ancira

 Coordinación Internacional INFP


Fue en la asamblea continental de Mar del Plata cuando las voces de Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner marcaron un parteaguas en la historia política de América. Desde el año 1995, se venía orquestando un proyecto de integración económica de “Las Américas”: el ALCA. El proyecto tenía su primer escalón en lo que fue el TLC de Estados Unidos, México y Canadá, pero –como sabemos– este tratado, más la aplicación a rajatabla de las medidas económicas del Consenso de Washington representaron para México la destrucción de lo que quedaba del Estado de bienestar, y el saqueo por parte de un puñado de empresas, la destrucción también del tejido social en el campo mexicano. Diez años más tarde, América Latina vivía una primavera, pues aunque con matices distintos, Venezuela, Brasil y Argentina gobernaban fuera del dogma neoliberal.  Así, por primera vez desde la fundación de los modernos Estados de América, se le puso un freno coordinado al dominio que desde el Siglo XIX, y con más fuerza en el siglo XX  ejerció Estados Unidos.


Hoy, dos décadas después, los ecos del “ALCA al carajo”, declarado por Hugo Chávez tienen nuevas interpretaciones. Y mucha agua ha corrido por debajo del puente nuestroamericano. Argentina y El Salvador viven experimentos sociales de derecha: Perú tiene la crisis de legitimidad más grande de su historia; la implosión del MAS, en Bolivia, permitió el regreso de las derechas racistas,  Colombia, otrora junto con México uno de los hijos predilectos del neoliberalismo, construye a paso rápido la institucionalidad que permita sortear las próximas elecciones; Venezuela, que ha vivido un tsunami económico del cual se recupera ahora enfrenta la mayor agresión contra un país de la región en casi medio siglo, y México resiste los embates de la potencia en declive, en medio de una intensa campaña de desestabilización y amenazas veladas desde los medios de comunicación de Estados Unidos. Recordar la forma en que se esbozó una América Latina con un gran peso geopolítico es una tarea urgente, en medio de la invasión imperial y el abierto intervencionismo de Donald Trump.


Para pensar en el legado a 20 años del No al ALCA,  conversamos con Laura Capote, Secretaria de ALBA Movimientos, quien reflexiona sobre las claves de aquella articulación histórica y los desafíos del presente.


“Yo creo que hay una serie de elementos.  Uno de ellos, por supuesto, son los liderazgos continentales que eran inéditos y que también impulsaban ese proceso. Pero también había un elemento que hoy nos cuesta mucho: la comprensión del proyecto que estaba siendo amenazado por un enemigo común. En nuestras izquierdas y procesos progresistas a veces le damos más peso a lo que nos diferencia que a lo que nos une. Y en ese momento, con el ALCA, teníamos claro que lo que estaba en juego era el futuro de generaciones enteras en América Latina” comentó Laura Capote.


Frente al ALCA, los pueblos levantaron una resistencia continental sin precedentes: sindicatos, movimientos campesinos, organizaciones feministas, redes estudiantiles, indígenas y ambientalistas que tejieron, de Sur a Norte, una alianza por la soberanía.  Si bien estos esfuerzos muchas veces resultan anecdóticos si se deja los gobiernos en manos de los personeros de las élites económicas, en el 2005, hubo una convergencia que permitiría la insubordinación de la América Latina rebelde:  


“Los gobiernos que impulsaron esto sabemos que fueron sobre todo de Suramérica y, en particular, la parte alrededor del Río de la Plata. Sabemos la importancia de Argentina, porque era el país anfitrión; Uruguay, por supuesto; Venezuela; y Cuba, ni hablar, porque ni siquiera estaba presente en la cumbre, pues es parte de la exclusión de Cuba en todos estos mecanismos coloniales (OEA) [...] Sin embargo, la campaña continental en contra del ALCA, de los movimientos, sí fue totalmente continental y masiva. Había organizaciones de Mesoamérica, del Caribe, de Norteamérica, incluso organizaciones europeas que eran invitadas y demás, pero que hacían parte justamente de esa articulación de los pueblos con ese objetivo, y que tenían claro ese proyecto. Los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez lo que hicieron fue decir: El objetivo es la derrota al ALCA”, comentó Laura Capote. 


De esa premisa nació el ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Su nombre, como describe la Secretaria de ALBA movimientos, surgió de una conversación casi mítica entre Chávez y Fidel:


“Esa madrugada, hablaban largo, interminable, hasta que Fidel le preguntó: ‘¿Y cómo le ponemos a ese proyecto de integración soberana?’ Y Chávez, siempre poeta, mirando el amanecer, respondió: ‘El ALBA, Fidel, el alba de los pueblos.’ Primero fue el nombre, después el sentido: la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Así surge el ALBA, con un peso simbólico enorme para nuestra tradición política”, cuenta Capote.


El relato no solo recupera un episodio histórico, sino que condensa la poética política de un tiempo en que la unidad continental parecía más latente.  También tiene ecos con la filosofía latinoamericana para la liberación, desde la cual se ha postulado que el pensamiento endógeno no debe ser el que se produce al ocaso, como una valoración de lo que ya se ha vivido, sino que debe ser la letra que antecede al hecho, y que –con la luz del alba–, guíe el camino para articular nuevos derroteros políticos. 


“Nosotros necesitamos las voces de los pueblos y las expresiones organizadas de esos pueblos. Necesitamos escuchar a los movimientos sociales, a las organizaciones campesinas, de mujeres, urbanas y demás. Hay que construir el ALBA de los pueblos, que fue la tarea que nos dio el Comandante, que fue decir —y no solamente es en los movimientos sociales de los países del ALBA—, también son los movimientos sociales de los países que no estaban en el ALBA, que justamente estaban bajo otros modelos, como el ejemplo clarísimo en el caso nuestro. Lastimosamente, tanto México como Colombia en ese momento eran dos de los claros ejemplos de países seguidores de las políticas de los Estados Unidos. Escuchar a Vicente Fox y escuchar a Álvaro Uribe en esa conferencia de Mar del Plata era una cosa vergonzosa.”


La complejidad hoy está marcada por un cambio de época. El ciclo progresista de comienzos de siglo enfrentaba al neoliberalismo globalizador; el presente, en cambio, lidia con nuevos antiglobalismos desde la derecha, encarnados por figuras como Donald Trump. Paradójicamente, algunos de los argumentos que  hace apenas una década eran esgrimidos por los movimientos populares —la crítica al libre comercio, la defensa de la soberanía nacional— hoy son enarbolados por gobiernos conservadores con agendas autoritarias. El nacionalismo y el proteccionismo, dependiendo el proyecto, pueden ser una estrategia para la insubordinación de las masas plebeyas, o el violento segregacionismo para afianzar el poder sobre inmigrantes precarizados, y países bajo un dominio neocolonial.  Por ello, ante estos nuevos tiempos se exigen también planteamientos que vayan más allá de las consignas y que sean capaces de dar la batalla de las ideas.


“Nosotros no tenemos un problema en que haya cosas que sean a nivel internacional o global. El problema es por qué es ese proyecto y los intereses de quiénes defienden, y en contra de quién se construye. Al contrario, lo más natural para nosotros, por la naturaleza de nuestra clase, es lo internacional: hay trabajadores en todos los rincones del planeta.... Entonces, en ese marco, hay una diferenciación importante. Y también un elemento que hace parte de la batalla de las ideas que decimos hoy: de la batalla de las emociones. Ellos, para poder conquistar corazones y cerebros, tienen que robarnos consignas, y es lo que están haciendo. Todo el tiempo están hablando de los derechos, de la libertad… ¿Cuándo les interesó la libertad? ¿Cuándo les interesó la dignidad? ¿Cuándo les interesó algo más allá de sus privilegios?, sentenció Laura Capote”.


Si el “No al ALCA” fue el punto de partida de una articulación continental, el presente exige una nueva narrativa de integración, capaz de unir a las resistencias dispersas en torno a un horizonte común. Esa tarea implicaría volver a las raíces del ALBA: la convicción de que la unidad de los pueblos no es una consigna retórica, sino una práctica cotidiana de solidaridad y soberanía. El desafío ahora es volver a creer que la chispa que inició en Mar del Plata de 2005 aún sigue viva.


Te invitamos a ver la entrevista completa en 


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