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Análisis: Argentina y México: dos modelos para la clase trabajadora

  • INFP
  • hace 2 días
  • 6 Min. de lectura

Entrevista a: Carlos Tomada - Exministro de trabajo de Argentina

Por: J. Axel García Ancira Astudillo

Coordinación Internacional-INFP Morena 



Durante el periodo de los gobiernos kirchneristas en Argentina, hubo un aumento de derechos sociales, y los laborales no fueron la excepción, empezando por la revaloración del salario. La realidad laboral argentina difiere de la mexicana por la propia historia y fuerza de sus sindicatos, favorecidos por leyes como la 25.877, que dieron marcha atrás a las políticas de los años 90, cuyo fracaso quedó plenamente demostrado en la crisis de 2001. En los gobiernos de la llamada década ganada –en contraposición a la década perdida de los 90– Argentina pasó a tener uno de los salarios mínimos más altos de la región, por encima de Brasil y Colombia, y muy por arriba de México, que por aquellos tiempos se disputaba con Haití el último lugar. Además, se incrementaron los salarios medios; en ese periodo, la participación de la clase trabajadora en la distribución de la riqueza llegó al 51 por ciento, según lo ha declarado la propia expresidenta Cristina Fernández. El dato no es menor si se considera que su encarcelamiento político, a decir de la también abogada Fernández Kirchner, obedece precisamente a haber alcanzado esa relación en la repartición de la ganancia. Esta referencia nos remite a la histórica posición del 50-50 del peronismo clásico de Juan Domingo Perón. Pero las mejoras para la clase trabajadora no sólo fueron salariales: también se fortaleció la protección frente a abusos de los empleadores, se protegió a las personas que realizan trabajo doméstico y, quizá lo más importante, se desprivatizó el régimen pensionario, convirtiéndolo en un sistema público de reparto. Hoy el panorama en Argentina es muy distinto. Una nueva ley, que eufemísticamente se denomina de “modernización” laboral, pretende atentar contra los derechos de la clase trabajadora y, más aún, barrer toda memoria histórica y de resistencia afincada en el peronismo y en las luchas sociales de izquierda.


Por su parte, en México el segundo gobierno de la Cuarta Transformación, encabezado por el partido Morena, ha declarado que busca superar el periodo neoliberal. Entre los principales resultados se encuentran el aumento del salario mínimo –que ahora es uno de los más altos de la región–, la prohibición del outsourcing, la regularización del trabajo de plataforma –otorgándoles seguridad social y derechos laborales– y la Ley de las 40 horas. Esta consiste en la reducción gradual de la jornada que, para 2030, habrá disminuido ocho horas por semana, es decir, un día completo si se considera que la actual jornada máxima es de ocho horas diarias. La reforma, producto de una demanda histórica, ha sido cuestionada por su gradualidad, por el costo de las horas extra y por la ambigüedad respecto al derecho de  uno o dos días de descanso. De ahí que resulte indispensable analizarla en comparación con lo que ocurre en países como Argentina, gobernada hoy por un presidente del  neoliberalismo salvaje; y para ello contamos con el testimonio del Dr. Carlos Tomada, abogado peronista que impulsó las políticas laborales del kirchnerismo.


Hoy por hoy México y Argentina mantienen modelos que establecen 48 horas semanales; sin embargo, a partir de las reformas presentadas en febrero de 2026, México reduce su jornada, mientras que en Argentina ésta incluso aumenta, aunque de manera encubierta. La reforma en México fue negociada; la de Argentina se impuso con represión y al gusto del gran capital. Para Carlos Tomada:


“La reforma argentina  refuerza el poder empresario. Desde el primer artículo hasta el último. En el manejo del horario, refuerza la potestad patronal. ¿Cuál es la contrapartida para el trabajador? Que, además de no cobrar horas extras, se le desorganiza la vida. Lo venden como una ventaja porque permitiría organizar mejor la vida personal. Pero si quien decide es el empleador, lo que ocurre es lo contrario. Si alguien estaba acostumbrado a salir a una hora fija, ir a la facultad [universidad], cuidar a su familia, practicar deporte o simplemente descansar, ahora todo queda subordinado a decisiones empresariales.”


Como decíamos antes, para el modelo argentino son importantes las llamadas negociaciones paritarias de los sindicatos, por lo que resulta fundamental entender cómo la ley presentada por Javier Milei afecta su margen de acción. Si bien la historia del movimiento obrero tiene en Argentina uno de sus espacios de más larga tradición, hoy su sindicalismo parece enfrentar al mayor reto de su historia, incluyendo lo ocurrido durante la más cruenta de sus dictaduras entre 1976 y 1982.  


“En el caso argentino, la ley que se está por aprobar prácticamente elimina el derecho de huelga. La Organización Internacional del Trabajo establece cuatro actividades esenciales donde debe garantizarse una guardia mínima cuando hay huelga. Son actividades donde está en riesgo la vida o la salud de la población. Esta ley amplía ese número a cerca de 25 actividades esenciales, crea además una nueva categoría de “importancia trascendental” y se reserva la posibilidad de seguir agregando. Además, exige que entre el 50% y el 75% del personal permanezca trabajando aun cuando haya huelga. Eso, en la práctica, deshace el derecho de huelga. También se limita la posibilidad de realizar asambleas sin autorización, se establecen sanciones para delegados y se elimina la tutela sindical para delegados que pierdan elecciones. Es decir, si una lista opositora pierde, el empleador puede despedir a sus representantes inmediatamente. Eso desalienta la participación sindical. Lo que hace esta ley es facilitar la creación de sindicatos de empresa y dar prioridad a los convenios de empresa por sobre los de actividad, incluso si establecen condiciones inferiores. Eso fragmenta el movimiento sindical y permite competir bajando salarios o derechos.”


Finalmente, le pedimos al también Exembajador en México que analizara algunos aspectos de la reforma mexicana de las 40 horas. Carlos Tomada habló de su gradualidad, el coste de las horas extra y los posibles impactos en la vida de la clase trabajadora. 


“Tengo entendido que la reducción horaria es sin bajar salarios… Creo que los tiempos de adaptabilidad se pueden discutir, si un año más o un año menos, pero sí considero que, desde el punto de vista organizacional, tiene que haber un periodo. A muchas empresas les va a costar bastante. Hubo países ricos donde se implementó la reducción horaria y se establecieron fondos para la transición, sobre todo en el sector de la pequeña y mediana empresa. Por otra parte, hay que separar la generación de empleo de las reducciones horarias, pero inevitablemente en algunas actividades habrá que contratar otro turno o medio turno. Yo creo que sí hay un periodo de adaptación y, teniendo en cuenta se hará sin bajar salario… porque esto empieza el año que viene… Yo estoy de acuerdo. Yo estaría muy orgulloso de haber podido sacar una ley de jornada laboral como la que tendrá México.”


Uno de los aspectos que más se repiten en foros de discusión y programas  de radio y televisión es que estas reformas que suben los salarios, aumentan derechos, y disminuyen las jornadas laborales, sólo “aumentan” la informalidad. Al mismo tiempo, en Argentina, sobre la reforma que se aprobó con jornadas de 12 horas, facilidades para despedir al trabajador, y flexibilización en los esquemas de contratación, dicen los ideólogos de la derecha, “contribuiría” a la formalización laboral.  Al respecto Carlos Tomada fue contundente:


“¿Cómo se combate la informalidad? La informalidad se combate de otra manera: se combate con inspección del trabajo; se combate ayudando a aumentar la productividad de las pequeñas empresas que son de subsistencia. Se combate con la simplificación del registro, aprovechando los avances tecnológicos, y que, de vez en cuando, el avance tecnológico esté a favor de los que tienen menos, no solamente de los que tienen más. A mí me parece que, de ninguna manera, en el caso argentino, por el camino que estamos siguiendo, vamos a reducir la informalidad […] La informalidad existe tanto en México como en la Argentina dentro de los sectores formales porque eso es fraude de ley. Cuando tienes un trabajador o una trabajadora a quien le niegan derechos, ese es un trabajador informal.”


Con dos leyes diametralmente opuestas, México y Argentina encaran una nueva época. En el fondo, lo que se define no es una cuestión técnica, sino la propia libertad humana, su derecho a la realización, a la disposición de su tiempo libre, en otras palabras, si en el centro está el humanismo o las ganancias. 


Te invitamos a ver la entrevista completa en: 


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