Análisis: El sur global bajo ataque. Venezuela y Burkina Faso en la mira
- INFP
- 16 ene
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Entrevista a Alex Anfruns
Por: J. Axel García Ancira Astudillo
Coordinación Internacional INFP Morena
A más de una semana de que se produjera el artero ataque contra la soberanía de un país en el corazón de la América Latina, en el continente africano pudo haber ocurrido un clásico golpe de Estado también con un cariz neocolonial. África también vive una revolución, desde la confederación del Sahel, y uno de sus principales líderes es el joven presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré. ¿Hay puntos de conexión entre estos dos atentados contra dos proyectos de izquierda que también se han articulado como socios? Para entender a profundidad por qué el golpe de Estado en Burkina Faso fracasó, mientras que en el caso venezolano el imperio optó por el secuestro del presidente constitucional de Venezuela Nicolás Maduro, y de la Primera Combatiente Cilia Flores, haremos el recuento de algunas particularidades de ambos atentados. Para ello contamos con el testimonio de Alex Anfruns, especialista en panafricanismo y Venezuela.
Partimos desde un necesario contexto del caso de Burkina Faso y su resistencia frente intervencionismos desde África y de occidente:
“Ibrahim Traoré es un joven militar que estuvo presente en el territorio de Malí, realizando operaciones, y que era muy consciente de la problemática del neocolonialismo. Es decir, Francia en particular y las potencias occidentales, con su presencia militar, estaban recolonizando el Sahel y no permitían recuperar el control del territorio nacional. Por lo tanto, tenemos a una figura que va a entrar en escena con mucha fuerza, depurando esos sectores del ejército que podían comprometerse con antiguas figuras […]
Hay que saber que Costa de Marfil tiene bases militares francesas. Se ha reforzado la presencia militar francesa al mismo tiempo que ha sido expulsada, con el rabo entre las patas, de los países de la Alianza de Estados del Sahel. Burkina Faso, en particular, ha tenido detenciones de personas relacionadas con el espionaje por parte de Francia y también de Costa de Marfil en los últimos meses. Por lo tanto, estas tentativas de desestabilización son algo que, para quien sigue la actualidad en Burkina Faso, desafortunadamente es común. Hasta ahora no han llegado más lejos, pero sí es verdad que quiero señalar una cuestión: la figura de Ibrahim Traoré está, de alguna manera, desafiando la muerte.”
Como hemos señalado en entregas anteriores, la prensa hegemónica ha construído una imagen de Venezuela como un país que está apunto del colapso, sin considerar cómo las sanciones coercitivas unilaterales han impactado en el tsunami económico que vivió el país caribeño, ni tampoco hacen ningún reconocimiento a sus proyectos de comuna, sustitución de importaciones, freno a la hiperinflación y crecimiento económico. En el caso de Burkina Faso, es una revolución que también tiene un proyecto de cambio del patrón de acumulación y del papel histórico que ha cumplido África frente al colonialismo europeo.
“El neocolonialismo tiene mucho que perder en esta región, ya sea en Burkina Faso, en Níger o en Malí. Están teniendo lugar negociaciones muy duras, incluso la rescisión de contratos con grandes multinacionales. El papel del Estado está siendo recuperado. En Burkina Faso, en particular, hay un nuevo código minero que permite la participación estatal. Hay minas que ya están en proceso no solo de ser explotadas, sino de desarrollar proyectos con refinerías y, digamos, en coherencia con un desarrollo endógeno y una industrialización [...] La situación en Burkina Faso y en los países del Sahel muestra que actualmente están tomando las riendas. Sin embargo, parten de una realidad muy cruda: una guerra en la cual todavía hay zonas de los territorios nacionales, en la triple frontera, que permanecen en manos de grupos extremistas. Hay pueblos que se están reconquistando para el Estado, pero otros siguen bajo control de estos grupos. La prioridad, evidentemente, es retomar el control. […] Hay una filosofía y también una visión panafricana que se está desarrollando: poner la cultura autóctona y una visión propia en el centro, no depender de una cultura importada ni de una mirada ajena para solucionar los propios problemas”
Una de las narrativas que se han repetido con más insistencia en los medios del mundo es que los bombardeos en Venezuela, el asesinato de la guardia presidencial y de civiles, y el secuestro de un Presidente en funciones es una demostración de fuerza absoluta. Aunque ningún análisis serio puede negar el poderío militar de los Estados Unidos, el sui géneris tipo de “intervención” que ha desconcertado desde a los ideólogos de la democracia liberal, hasta a los más recalcitrantes entreguistas de las derechas venezolana y latinoamericana, hacen necesario reconocer que la defensa de la revolución bolivariana se debe en parte a la politización de la población, la relación entre el movimiento social y el gobierno, y el poder real de las otras potencias que –sin duda– tienen sus líneas rojas, más allá de lo que declaran en público, como ya se demostró con la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. En otras palabras, mientras que por una parte hubo un operativo tan eficaz como criminal, al mismo tiempo la operación permite advertir los límites reales de lo que se puede conseguir sólo desde lo estrictamente militar contra los procesos anticoloniales, cuyas estrategias no se explican bajo las líneas discursivas de los ideólogos del paradigma neoliberal.
“Para mí, esa intervención, en lugar de ser una demostración de fuerza, muestra la debilidad de ese imperio, puesto que las propias reglas que imperan en ese orden supuestamente hegemónico, encabezado por Estados Unidos, no es capaz de respetarlas. En segundo lugar, el relato sobre una dictadura en Venezuela ha caído por su propio peso, no solo por la propaganda que la vinculaba con el narcotráfico, que incluso ha sido desmentida desde Estados Unidos, sino también por las movilizaciones constantes, no solo en Venezuela, sino en el mundo. Creo que está quedando muy claro que Nicolás Maduro forma parte de una estirpe, de una continuidad de luchadores anticoloniales que han sido objeto de golpes de Estado, detenciones y deportaciones; ejemplos no faltan. En el caso de África –donde yo vivo y trabajo actualmente– ha habido ejemplos importantes de líderes anticoloniales que fueron detenidos y exiliados a la fuerza. Eso no resolvió ningún problema; más bien retrasó la victoria final contra el colonialismo. Yo creo que Nicolás Maduro es un luchador anticolonial, y que hay que analizar la situación de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos, así como el imperialismo estadounidense dominante en el mundo, bajo esa óptica. Es decir, lo que se está produciendo es un neocolonialismo. No hay que cerrar los ojos ante esta realidad.”
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